Testimonio

Javier Martinez era una persona muy incredula, no creía en nada que tuviera que ver con Dios y por lo tanto, su vida espiritual estaba completamente descuidada.“Yo decia no creer en Dios y nunca quise asistir a una iglesia”.

Como concecuencia de estar alejado de su Creador, Javier sentía un vacio muy profundo en su interior. “Recuerdo que una soledad muy grande me agoviaba, no era feliz, pasaban los años y mi vida era muy vacia, recuerdo que buscaba calmar todo esto con trabajo, dinero, alcohol, drogas, mujeres, pero nada de esto me funcionó, mi vida iba de mal en peror, comenze a tener problemas familiars, a perder el cariño de mi familia, tenia muchos problemas matrimoniales y lo pero de todo era que mis hijos estaban aprendiendo a vivir ese miksmo estilo de vida que yo llevaba”. Hoy en día Javier puede contarnos esto con una sonrisa en su boca por que las cosas ya no son como eran antes ya que su via dió un girode 180 grados.

“Cuando ya no veía la salida de mis problemas me encontre a un amigo que me invitó a asistir a la iglesia pero lo rechaze al instante y luego el me insistió diciendome que al beneficio no inba a ser para el sino para mi, que era algo que tenía que probar y darme la oportunidad de asistir. No se que sería de mi si no hubiera tomado la decision de ir, al siguiente Domingo comenze a asistir y desde mi primer visita a la Iglesia sentí que ese era el hogar en el que yo debia estar. Ahora mis días domingos los paso con Dios y mi familia”.

El Señor Jesús pudo transformar una vida que no era productive en una vida que vale la pena vivirla. – Javier Martínez


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El Papel Arrugado

Por: Pastor Miguel Montoya

Contaba un predicador que, cuando era niño, su carácter impulsivo lo la hacia estallar en cólera a la menor provocación. Luego de que sucedía, casi siempre se sentía avergonzado y batallaba por pedir excusas a quien había ofendido.

Un día su maestro, que lo vio dando justificaciones después de una explosión de ira a uno de sus compañeros de clase, lo llevo al salón, le entrego una hoja de papel lisa y le dijo:

-Arrúgalo!

El muchacho, no sin cierta sorpresa, obedeció e hizo con el papel una bolita.

-Ahora-volvió a decirle el maestro-déjalo como estaba antes.

Por supuesto que no pudo dejarlo como estaba. Por mas que trataba, el papel siempre permanecía lleno de pliegues y de arrugas.

Entonces el maestro remato diciendo:

-El corazón de las personas es como ese papel. La huella que dejas con tu ofensa será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues.

Así aprendió a ser más comprensivo y más paciente, recordando, cuando esta a punto de estallar, el ejemplo del papel arrugado.

¿Recuerdas que alguien dijo una vez: “Habla cuando tus palabras sean tan suaves como el silencio?” Muchas personas se jactan de ser francas, y que dicen las cosas con independencia del sentimiento de los demás. ¿No son ellas fabricantes de papeles arrugados por dondequiera que pasan?